"La navaja no tiene culpa alguna del uso que se haga de su punta, su filo y su contrafilo. Es ingenuo pecado el de querer culpar a la navaja de daño que pueda hacer la conciencia de quien la esgrima. El derecho penal está muy poco evolucionado y todavía clasifica a las armas y no a las intenciones, a las herramientas y no a los propósitos, olvidando de que lo que mata es el ánimo y no el hierro".